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No cabe duda de que cuando hablamos de información en el ámbito profesional, nos estamos refiriendo a uno de los activos más importantes que manejan las empresas como elemento básico sobre el que fundamentan, realizan y prestan sus servicios. Por ello la gestión de esta información, sea personal, económica, estratégica u organizativa cobra una importancia vital para la consecución de los objetivos marcados y el buen desarrollo del negocio.

Esta importancia de la información crea una necesidad de control y gestión de la seguridad sobre la misma y no solo desde un punto de vista legal en cuanto a datos personales se refiere, sino con carácter general a toda la información manejada por una compañía, convirtiéndose en un complemento importante y que aporta un plus de confianza y compromiso ante clientes o terceros ajenos a la empresa. Como ejemplo de este punto es la cada vez más aceptada e incluso exigida aplicación de normas ISO en la contratación entre empresas a nivel internacional.

Pero en este artículo quería resaltar no la conveniencia o incluso necesidad de adoptar este tipo de normas, sino uno de los puntos más importantes que acompañan a su implantación y requisito necesario para su éxito, la formación. Como cualquier proyecto en que se incluye un nuevo elemento en la estructura de funcionamiento de una empresa, la implantación de un sistema de gestión de la seguridad de la información pasa por las fases de estudio, desarrollo, aprobación y aplicación, quedando en este punto los nuevos protocolos instaurados y activos, pero no se puede entender como finalizado sin las necesaria labor formativa y de concienciación al personal afectado. Podríamos utilizar la analogía de que de poco sirve comprarse un coche si no se sabe conducir, por lo que el factor formación cobra una importancia capital.

El usuario medio, que maneja información confidencial de la empresa a diario, por lo general no tiene unos conocimientos avanzados sobre seguridad de la información, basando su manera de trabajar en normas que podríamos llamar de ‘sentido común’, propiciando que este conocimiento básico deje lagunas de seguridad que pueden causar no solo perjuicios económicos a la empresa en forma de sanciones sino perdida de confianza de clientes presentes y futuros y por lo tanto perdida de negocio. Se debe considerar por lo tanto un elemento fundamental que dentro de una organización se promuevan de forma continua acciones formativas dirigidas a los empleados buscando una concienciación sobre la importancia y necesidad de la aplicación de las normas establecidas por la propia empresa en materia de seguridad, buscando que entiendan el por qué y para qué se hacen y su compromiso para su cumplimiento.  

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